Formas de escribir a Zambra

Alejandro Zambra - Fotografía: Jorge Tirzo

Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra

Alejandro Zambra © Jorge Tirzo

 Publicado originalmente en Revista Replicante

Una vez hubo un terremoto en Chile y luego en México. Fue en 1985, cuando Alejandro Zambra tenía diez años. Gracias a Chespirito, la música ranchera y Televisa él creía que ambos países eran vecinos. Cobró conciencia de las distancias cuando le pidió a su papá que lo llevara a apoyar a los damnificados. Ahí miró el mapa por primera vez.

Veintiséis años después (2011) Alejandro publicó un libro que inicia y termina con un terremoto. Formas de volver a casa [Anagrama, 2011] es la historia de un par de niños que aún no terminan de temblar. Relegados a un papel secundario en el Chile de Pinochet, esos chicos ahora son los protagonistas de la literatura latinoamericana. Alejandro Zambra escribe y yo trato de escribirlo a él.

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Avanzo de a poco en la entrevista. Paso el tiempo pensando en Zambra como si no existiera, como si fuera un personaje de ficción al que pudiera describir y construir a libertad. Al comienzo dudaba incluso del título: “Formas de beber con Zambra”, “Formas de beber en casa”, “Formas de temblar con Zambra”. Pensé en aprovechar un fragmento de la entrevista donde él dice ser un poco borracho. Hubiera sido exagerado. Al final se quedó el título más difícil.

La siguiente duda fue por dónde comenzar. Luis Muñoz, escritor que albergó a Alejandro en México, sugirió que comenzara diciendo: “Zambra resoplaba por las escaleras del edificio”. Así fue. Debió ser el efecto del cigarro y la falta de elevador. Cuando llegó a la entrevista traía en la mano un par de cajetillas recién adquiridas. Cuando me fui ya llevaba avanzada la primera.

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Formas de volver a casa comenzó a escribirse desde que él era niño. Alejandro creció sorprendido entre el lenguaje de las crónicas de futbol, las solemnes frases de las misas y las tétricas historias del terremoto de 1939 en Chile. Su abuelita creía que era importante que los nietos escucharan las narraciones de cómo murieron sus antepasados.

“Eran historias muy tristes, devastadoras. Por supuesto después de escucharlas no podíamos dormir. Esa es la primera sensación narrativa que tengo. Más que cuentos para niños, yo recuerdo esas historias sobre el terremoto de mi abuela. Algo tienen que ver los terremotos conmigo”, dice Zambra al recordar las fuentes que lo llevaron a convertirse en escritor.

Hay mucho de él mismo en sus libros. En las novelas anteriores (Bonsái y La vida privada de los árboles, publicadas en Anagrama) el protagonista era un escritor/profesor de literatura, igual que el mismo Zambra. En esta ocasión la historia narra la incertidumbre que atraviesa quien se aventura a escribir.

“Esta historia no se podía contar solamente a través de la voz segura del novelista que domina el escenario, sino que también tenían que tener cabida las dudas del escritor. Eso representa mi propia incertidumbre al momento de hablar de la historia de Chile, pero también la duda que todos tenemos sobre cómo era nuestro pasado, dónde poner los recuerdos, qué hacer con ellos, cómo incorporarlos al presente. Creo que, escribamos libros o no, al momento de elaborar un discurso sobre la infancia estamos llenos de dudas. Mi intención era narrar desde la incertidumbre”.

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¿Dónde comienza una entrevista? ¿Cuando Alejandro nos pidió a Luis y a mí que siguiéramos subiendo las escaleras mientras él tomaba aire? ¿Cuando lo contacté por correo electrónico? ¿Cómo escribir a un escritor que escribe desde la incertidumbre?

Alejandro vino a México para presentar su libro en el contexto del ciclo “Todo julio, todo Anagrama”, organizado por la editorial española. Aunque sí estuvo presente en la inauguración del ciclo, confiesa que se escabulló rápido para ver el partido de Chile contra México en la copa América. Ganó su equipo.

Tal vez es una especie de venganza por cómo lo tratamos en su anterior estancia en Ciudad de México. Estuvo cuatro meses aquí corrigiendo el manuscrito de su novela. Un día lo tuvieron dando vueltas en un secuestro exprés. Álvaro Enrigue contó el desafortunado encuentro del chileno con la delincuencia chilanga en un texto titulado Formas de asaltar a Zambra.

“Es una exageración absoluta ese artículo, pero lo que sí es cierto es que él es uno de mis grandes amigos en el D.F., que sí íbamos mucho a su casa y sí tomábamos mucho whisky. Tal vez por eso él confundió las historias y pensó que me asaltaban muchas veces. Tal vez era por un exceso alcohólico de él. No fueron muchas, fue una sola vez”, dice entre risas.

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Días después del partido México-Chile me entrevisto con Alejandro. Justo era el día que no servía el elevador en el departamento de Luis Muñoz. “¿Y aparte aquí en México numeran como en España?”, pregunta al ver que la Planta Baja sería el piso 0 y no el 1, como ocurre en su país. “Entonces tenemos que subir seis pisos efectivos y no cinco como en Chile”.

El título de su novela se le ocurrió un día escuchando la radio. Era un programa chileno para la hora de volver a casa. A diferencia de las novelas pasadas —en las que lo primero que supo fue el título—, esta vez le llegó ya avanzado el manuscrito.

No fue el único de los cambios que experimentó el libro. Originalmente la novela concluía con la posibilidad de que hubiera un terremoto en Chile. El 27 de febrero de 2010 esa intuición se volvió realidad.

“Para ser honesto, yo siempre había vivido con la sensación de que iba a haber un terremoto. Cuando ocurrió pensé mucho en la novela y reescribí muchas cosas. Se transformó como una misma melodía tocada por instrumentos distintos”.

Alejandro Zambra © Jorge Tirzo

Zambra asegura que puede volverse insoportable con sus amigos cuando está escribiendo un libro. Les habla en la madrugada para leerles un párrafo y pedirles su opinión. Dice ser muy obsesivo por dedicarle mucho tiempo a cada párrafo. Sobre su método de escritura cuenta que no tiene uno en específico, sino varias versiones.

“Lo que trato es dejar que fluya la obsesión y no coartar el proceso. No ceder a la tentación del redondeo. Preferir siempre los caminos que parecen más genuinos aunque parezcan más difíciles. Demorarme mucho. Trabajo tomando notas desordenadamente. No procedo desde el comienzo hasta el final, sino que voy montando en función de los momentos y la sensibilidad”.

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Por fin llegamos al departamento de Luis Muñoz, después de los resoplidos de Zambra y los seis pisos efectivos. Nos recibe “Sirenito”, el perrito mascota de la casa. Durante la entrevista nos interrumpirá, se quedará dormido, despertará, volverá a dormir y finalmente se irá a otra habitación.

—¿A qué atribuyes que la crítica ha catalogado esta novela como una obra latinoamericana y no solamente chilena?

—No sé, pero me gusta esa lectura. Tal vez porque mientras más te acercas a tu propio país, te acercas más a los demás también. Esta novela es más explícitamente chilena y en ese sentido se vuelve más latinoamericana. (“Sirenito” ronca.) Me interesa mucho una literatura central nacional. Una literatura centrado en lo argentino, en lo mexicano, en lo peruano. (“Sirenito” ronca.) Esas son las novelas que más disfruto, las que usan más jerga, las que usan el lenguaje que menos entiendo. (“Sirenito” vuelve a roncar.)

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Transcribir el audio de la entrevista fue una lucha entre mantener la profesionalidad periodística o doblarse de la risa. Era como escuchar un programa de comedia con ronquidos grabados en vez de risas. Hablamos sobre las formas de entender a la literatura latinoamericana, de la película basada enBonsái, de la inclusión de Alejandro en la revista Granta; incluso cometí el exceso de asegurar que Volpi era parte de un “bando” distinto a Zambra… y “Sirenito” seguía roncando.

—Jorge Volpi, considerado parte de la generación del Crack, aseguró que eras uno de los narradores más importantes del siglo XXI. A él se le ha catalogado como alguien que escribe sobre temáticas más universales, situaciones lejanas a México y con personajes que no tienen que ver necesariamente con la gente común de nuestro país(“Sirenito” cambia de sillón y vuelve a dormir). ¿Para ti qué significa que alguien como él reconozca tu trabajo, que podría catalogarse como en otro bando más coloquial y regional? (“Sirenito” vuelve a los ronquidos.)

—Yo no creo que haya bandos en la literatura latinoamericana. Me parece que esa forma de entender la literatura está en crisis. Es un momento de muy buena literatura y pocos discursos que expliquen las obras. De vez en cuando los escritores se agrupan, encuentran una consigna, un slogan y consiguen alguna atención. Ok, eso es una estrategia de marketing, pero eso no hace que sus libros sean mejores ni peores.

”A mí no me interesa esa manera de difundir los trabajos y a muchos otros escritores tampoco les importa agruparse bajo ninguna consigna. Las consignas están en crisis. Lo que hay son buenos libros, buenos escritores y una crítica que no siempre está a la altura de esa literatura. Como los críticos no encuentran consignas ni etiquetas, entonces hablan de “diversidad”. En el fondo me parece que la buena literatura se resiste siempre a ser etiquetada. No me interesa ver la literatura como si fuera Los titanes del ring.

Alejandro calla un segundo. Hay un momento de silencio seguido de una risa: “Sirenito” tiene unas estruendosas Formas de roncar en casa.

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Dos cosas cambiaron desde la última vez que entrevisté a Zambra en el 2010: una adaptación de su libro Bonsái se estrenó en el Festival de Cannes y fue considerado uno de los mejores narradores jóvenes en español por la revistaGranta.

“La película tiene mucha afinidad espiritual con el libro, pero es raro que sea más larga que el libro. Dura noventa minutos y el libro puede ser leído como en cuarenta y cinco. Me pareció muy bueno que le fuera bien, que se estrenara en Cannes, todo fue muy sorpresivo”.

Le pregunto si le gustaría ser director de cine y responde como escritor de hueso colorado: “Claro que no, me parece que el mundo del cine es totalmente abrumador. Es todo tan colectivo, tan grande. Conocer un poco ese mundo me hizo sentirme doblemente feliz de ser tan independiente. Me gusta eso de estar solo con tus papelitos, tu computadora y que eso sea todo”.

“Lo de Granta me lo tomé bien, aunque siempre es más heroico no salir en las listas. Es como ser malo en el colegio o ser muy borracho… Aunque yo soy un poquito borracho de vez en cuando”, dice bromeando como para quitarle un poco de importancia a las listas.

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¿Cómo se escribe entonces a Alejandro Zambra? Como no lo averigüé, de plano decidí pedirle consejo a él mismo.

“Dice Fogel que escribimos para evitar que alguien más nos escriba. Tal vez ahí está la respuesta. No sé. Nada de lo que te diga es más importante de lo que leíste en los libros. No te sientas obligado a referenciar esta conversación porque es más importante lo que leíste. Siempre he sentido que las entrevistas son un poco innecesarias. Uno acepta las reglas del juego, de la promoción, pero al final lo importante son los libros”.

Le tomo la palabra en no escribirla solamente en forma de preguntas y respuestas. Por eso sigo intentando escribirlo como un personaje de ficción aunque no lo sea. Tal vez en un intento de hacerlo volver a casa, al universo de las letras.

“Una recomendación puede ser que digas por qué en el fondo quisiste hacer una entrevista… y que no menciones los ronquidos del perrito”.

Lo desobedezco con un pretexto: el día que presentó Formas de volver a casa en México le conté lo gracioso que fue transcribir la entrevista. Ambos reímos. A lo mejor este texto debería llamarse Formas de reír en casa.

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